ALBORNOZ, M. (2013). “Cultura Científica para los Ciudadanos y Cultura Ciudadana para los Científicos; presentado en Seminario Internacional de Indicadores de Cultura Científica”

Salamanca, noviembre de 2013. Disponible también como Documento de Trabajo N° 44 en Centro REDES.
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Introducción:

¿Tiene la cultura científica una posición de primacía sobre la cultura ciudadana? ¿Cuánto necesita saber un ciudadano para poder tomar posición frente a las consecuencias del avance científico? Esas y otras preguntas similares son las que dan impulso a estas reflexiones acerca de cómo se relacionan entre sí los elementos cognitivos y valorativos de la cultura científica y cómo intersectan con la cuestión del poder, tanto en los escenarios de la política, como en los de la propia ciencia. Intentaré también señalar algunas limitaciones de la acción cultural entendida como alfabetización científica, en la formación de una conciencia ciudadana.

La ciencia es esencialmente comunicable. Se trata de una condición necesaria para la certificación de los conocimientos, su acumulación, el aprendizaje y la difusión de sus resultados. Lo sabía bien Robert Merton (1977), quien incluía la comunicabilidad como parte integrante del ethos del científico. Lo sabía también Michael Polanyi (1962), cuando argumentaba que la dinámica de la ciencia se apoya en los conocimientos adquiridos por los colegas y en tal aprendizaje, basado en los resultados obtenidos por unos y otros, se logra el avance de la ciencia.

En los orígenes de la ciencia moderna, que la comunicabilidad es una condición necesaria para el avance de la ciencia era algo ya sabido en el siglo XVII por quienes conformaban el “colegio invisible”, según expresión de Robert Boyle, en la etapa previa a la creación de la Royal Society. Es esta convicción acerca de la esencial comunicabilidad de la práctica científica lo que justificó la inmediata creación de las Philosophical Transactions, en 1665 por parte de la Royal Society “para dar cuenta de los ctuales  emprendimientos, estudios y trabajos de los ingeniosos en muchas partes considerables del mundo". En forma casi simultánea, la Académie de Paris creaba el Journal des Savans con propósitos similares.